Cómo comer Edamame

Una de las experiencias más lindas de viajar es “jugar” a ser local y experimentar en primera persona las cosas cotidianas de otra cultura. Fiel a esta idea, me encontré varias veces comiendo en pequeños bares o izakayas en alguna callecita de Tokyo.

En la mayoría de estos locales, el “menú” suele estar colgado a modo de carteles en las paredes. Por suerte, en varios casos, algunos carteles tienen fotos, lo que facilita la elección de la comida.

Un mediodía de Abril, decidimos caminar con mi novio desde el barrio de Ginza hasta la Tokyo Tower. Cuando atravesamos la salida de la estación de Shinbashi, nos encontramos en una pequeña calle iluminada más por las luces de pachinkos que por el sol, donde decenas de salarymen caminaban de un lado al otro buscando un lugar donde comer.

Caminando por esta calle, sin un rumbo demasiado preciso ya que nos aventurábamos hacia la Tokyo Tower sin mapa – sólo siguiendo nuestro instinto y la vista de la cúpula de la torre a lo lejos como única brújula -, divisamos un pequeño izakaya. Consideramos que era una excelente oportunidad para hacer un break y almorzar.

Al entrar, nos sentamos y, como era de esperar, nos acercaron un vaso de agua y un o-shibori. Inmediatamente algo llamó mi atención. Se veía en uno de los carteles-menú de la pared, un platito con chauchas muy verdes al que no me pude resistir.

Cuando terminamos de realizar nuestro pedido, lo primero que nos trajeron fue el platito de chauchas junto con las bebidas. Instintivamente agarré una y me la metí en la boca.

Su textura fue rara pero al dar la primera (de la que iban a ser muchas) mordida supe que había cometido algún error. Mordí y mastiqué innumerables veces pero, a diferencia de cualquier otro alimento, este verde bocado no se reducía. Luego de esta experiencia con la primera chaucha, agarré una segunda pero ya no me apresuré a comerla, sino que empecé a investigarla. La miraba tratando de entender los misterios ocultos en ese trágico y verde alimento. Miré a mi alrededor a ver qué hacían los otros comensales pero no encontré a nadie comiendo lo mismo así que probé cortarlo o sacarle la cáscara, pero nada parecía funcionar. Luego de algunos intentos más, terminé resignándome a esperar el plato principal.

Con el tiempo, descubrí que lo que había pedido para comer era edamame. El edamame es básicamente una chaucha de soja – se hierve con sal y un poco de limón. Lo único realmente comestible del edamame son sus semillas. Las semillas (la soja) se encuentran dentro de la vaina / chaucha.

Me hubiese encantado saber esto antes de apresurarme a comer un edamame entero pero supongo que esta es la otra cara de intentar experimentar en primera persona las cosas cotidianas de otra cultura… así que este post no es un descargo ni una queja, sino simplemente un llamado de atención, para que si te encontrás en Japón con un recipiente de edamames frente a vos, sepas que lo correcto es comer solamente las semillas.

Para comer el edamame, tenés que llevar la vaina hasta tu boca y presionar para que salgan las semillas. Las semillas salen con facilidad y, como la chaucha usualmente tiene sal, la experiencia de comer edamame es aún más sabrosa.

Para concluir, la recomendación es acompañarlas con una cerveza. Itadakimasu!

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